Estudiar actuación fue un sueño siempre latente en mi y recién a mis casi 30 años finalmente me decidí a concretarlo.
Y afortunadamente, no me quedé con eso nomás...el amor por este arte se me manifestó casi casi de inmediato apenas pisé un escenario y sentí ese nudo en la garganta y en el estómago que tanto se sufre y se disfruta a la vez.
Sé, casi con precisión, en qué momento dejé de ser una simple estudiante de un curso de actuación y me convertí en actriz. Recuerdo también el momento en que elegí un rumbo y lo seguí, en el que salí de la "escuelita" a buscar un lugarcito como "profesional". Porque la actuación es una profesión. Una profesión que como cualquier otra exige compromiso, entrenamiento, entrega y mucha pasión.
Tardé pero llegué...y llegué para quedarme.